miércoles 8 de septiembre de 2010

José Clemente Orozco (III)

Él observa, retrata, caricaturiza, se pasma ante las deformidades de sus personajes, no compadece porque le interesa sorprender lo que hay de sublime en lo desdeñado por todos. Y todo el tiempo se anticipa: en el ex Colegio de San Ildefonso imagina las batallas cuerpo a cuerpo, y a partir de allí entrega sus versiones de la Revolución. En su Autobiografía miente poderosamente porque le interesa alejarse de los entusiasmos en circulación. Escribe con desenfado:
Yo no tomé parte alguna en la revolución, nunca me pasó nada malo y no corrí peligro de ninguna especie. La revolución fue para mí el más alegre y divertido de los carnavales, es decir, como dicen que son los carnavales pues nunca los he visto. A los grandes caudillos sólo los conocí de vista, cuando desfilaban por las calles al frente de sus tropas y seguidos de sus estados mayores.
En efecto, hay algo o mucho de carnaval trágico en la obra de Orozco, pero también de tragedia esencial.
José Clemente Orozco : “Es para el pueblo. Es para todos"
Carlos Monsiváis
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