Él observa, retrata, caricaturiza, se pasma ante las deformidades de sus personajes, no compadece porque le interesa sorprender lo que hay de sublime en lo desdeñado por todos. Y todo el tiempo se anticipa: en el ex Colegio de San Ildefonso imagina las batallas cuerpo a cuerpo, y a partir de allí entrega sus versiones de la Revolución. En su Autobiografía miente poderosamente porque le interesa alejarse de los entusiasmos en circulación. Escribe con desenfado:
Yo no tomé parte alguna en la revolución, nunca me pasó nada malo y no corrí peligro de ninguna especie. La revolución fue para mí el más alegre y divertido de los carnavales, es decir, como dicen que son los carnavales pues nunca los he visto. A los grandes caudillos sólo los conocí de vista, cuando desfilaban por las calles al frente de sus tropas y seguidos de sus estados mayores.
En efecto, hay algo o mucho de carnaval trágico en la obra de Orozco, pero también de tragedia esencial.
José Clemente Orozco : “Es para el pueblo. Es para todos"
Carlos Monsiváis
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